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jueves, 23 de agosto de 2012

Sentirse bien, estar al tope con la moral y la fe es el secreto de buen emprendedor


Buenas noches soñadores hoy es una madrugada de ensueños y este jueves será un día muy lindo para leer las crónica o artículos de opinión de Rafo León en Caretas, a su vez habrá un momento especial para leer a Aldo Mariategui (un maestro al cual espero conocer con un buen almuerzo de por medio), y por supuesto lo mejor será leer y releer el Diario El Callao con mi Crónica de Viajero Chalaco y las notas de interpretativas y reflexivas de mi editor Enrique Sol y mi director Abraham Ramírez Lituma, pero desde luego habrá un almuerzo previo.

A esto quiero llegar los minutos que uno toma para almorzar cerca de su centro de labores no tienen por que ser tediosos, ni tampoco tormentosos por buscar el lugar con la mejor atención y el menor precio, por el contrario para quien nos atiende es un aliciente vernos volver a su restaurante o negocio, y vernos estar augusto con su atención, como ya lo mencioné antes mis tíos de cariño Blanca y Lucho Yong mantienen un negocio de familia y que con el paso años prosperó hasta tener dos sucursales en sitios con alta competencia puesto que el chifa San Joy Lao está ubicado en Benavides y la concurrida calle Capón.

A su vez Zuly es lugar donde últimamente he almorzado en mis jornadas de trabajo en el Diario El Callao, aquí mantienen la misma política de atención que mantiene e inculca mi tía Blanca a sus colaboradores en el San Joy Lao, y esta es la premisa de que la ganancia no está en un almuerzo costoso, sino en cuantas veces regresa el cliente y cuanto nos recomienda, claro está acompañado de una supervisión de apoyo, más no de castigo a los trabajadores que sacan adelante el negocio.

De hecho Luis dueño del restaurante Zuly es quien se viste de mozo y atiende él solo mesa por mesa, fijándose siempre si el cliente está bien atendido, además hay menú de 5 precios diferentes al igual que los desayunos, trabaja de 7 Am a 7 Pm y no se queja si hay un inconveniente por el contrario esto lo ayuda a mejorar su servicio, mientras que mi tía Blanca, recorre mesa a mesa observando los gustos y preguntando cuanto más augusto se pueden sentir sus visitantes en sus horas de alimentos o reuniones de trabajo durante el almuerzo o la cena.

Alguna vez estuve con mi tía blanca en una tarde de capacitación y dijo algo que me quedo muy grabado “el cliente tiene su razón y ustedes (por los mozos y anfitrionas) no tienen por que sentirse mal si el cliente tiene un gusto diferente al que ustedes proponen”, era sin duda una manera moderna de ver un negocio, donde lo más importante para lograr prosperar es mantener en alto la moral de los colaboradores, digo colaboradores por que decir trabajadores es un concepto del siglo XX y estamos en el segundo decenio del siglo XXI allí me di cuenta como los conceptos de fondo también evolucionan observando el diario desenvolvimiento del negocio.

Mientras que para Luis la prioridad es un público no solo del Callao sino también de Lima que trabaja en el primer puerto o en las oficinas de diversas empresas, mí tía Blanca tiene que ver también por la imagen ofrecida al turista nacional o extranjero que visita la calle Capón, en esto mi tío Lucho apoya con sus ideas propias de la fusión cultural peruana-china al ofrecer una ronda de bocaditos, un Ti Pa Cuy o un Chi Jao Cuy.

En ambos casos el cliente es lo primero, sin descuidar la perspectiva de la imagen que deben ofrecer. Luis se viste de mozo y se pone a barrer antes de abrir la jornada a las 7 Am, mientras que mis tíos Blanca y Lucho velan por la transparencia de los colaboradores al ver su buen uniforme y entrenamiento que además de recordar conceptos que sirvan para levantar la moral de quien con ellos hacen una luz brillante en el San Joy Lao, cuya y tradición va más allá de la frontera limeña.

La verdad llevar un negocio como todo en la vida es complicado, no perder la calma más complicado aún y mucho más complicado es que los trabajadores y uno mismo no pierdan la fe cuando los problemas o el mundo se caen por delante, en realidad los problemas son parte natural de la empresa, puesto que sin ellos no habría crecimiento, ganancia y trabajo que cree más puestos de trabajo, eso a fin de cuentas es la prosperidad que todos anhelamos.

No soy un emprendedor en el mundo de la gastronomía, soy periodista y bien engreído como consumidor por lo tanto me gusta sentirme engreído, y en eso Luis hace una buena chamba al ofrecerme a diario un menú diferente con la palabra nutrición por delante, mientras que el plus cuando voy al San Joy Lao, es una buena conversación y buen abrazo de mis tíos Blanca, Lucho y mis dos mis primas Vanesa y Verónica, después de todo el gusto del buen comer no está en gastar más sino en cuanto nos valora quien nos atiende en la sala de VIP de su corazón.

lunes, 13 de agosto de 2012

Un cuento del guardián: Entre las montañas, el mar y la esperanza de una princesa



Saludos soñadores de la justicia en primer lugar agradecer a mis tíos Lucho y Blanca Yong por ser los primeros auspiciadores de este blog, así que entre martes y miércoles ya podrán ver el enlace con el chifa San Joy Lao de la calle Capón y también de la avenida Caminos del Inca en Surco (a una cuadra del cruce con Benavides), gracias por confiar en mi y gracias por ser parte de los soñadores de la justicia.

Bueno hoy quiero contar una historia digna de oriente allá por la lejana China, en uno de los picos de sus altas montañas. La leyenda habla de una princesa cuyo padre al morir la dejó con su madre prometiéndole, que este enviaría un príncipe que la cuidaría en todo momento y que este llegaría desde occidente de manera mágica, además el padre de la princesa predijo que este la besaría antes de lo pensado.

Los años pasaron haciendo que la princesa pierda la fe en que ese amor de ensueño llegaría, algún signo pensaba ella, tenía que haber, alguna señal para reconocer al príncipe que desde el occidente tendría que tocar su corazón.

Con el pasar del tiempo un joven que no sabía que camino debía tomar en su vida empezó a merodear el reino de la princesa.

Mientras el joven buscada su destino en todo lugar y en ninguno al mismo tiempo esta princesa se despertaba para cuidar sus flores y velar por su familia (mamá y hermano), mientras el joven iba de trabajo en trabajo y probando cuanto oficia podría haber en busca que algo le apasionara tanto como echar raíces y sembrar un hogar lleno de prosperidad.

Un día este joven por pura aventura y necesidad dejó el reino, al cual pensó jamás volvería, pero en un tiempo muy corto lo llamaron para que se vuelva un relator de los mandatos de los jueces del reino, puesto que tenía capacidad de captar la atención de la gente entregándose con amor a quien lo escuchara y también estaba dispuesto a empezar una vida desde cero si de encontrar su pasión se tratase.

Con el pasar del tiempo el joven no solo se volvió un relator, sino también un escribano de nuevos mensajes para todo aquel que deseará un mundo mejor, y transmitiera esperanza a cuanta comunidad existiese, por esas casualidades de la vida esta princesa de nombre Mei-Ling, escuchó uno de estos mensajes y se quedo con una frase para su prosperidad, esta era: “tú compromiso con la paz es mi seguridad”, por allí esta princesa se enteró que aquel relator llevaba como nombre Vladimir, y en una de sus caminatas ambos se vieron, entonces algo mágico salió de los labios de Vladimir: “me permite darle un beso bella dama”, la princesa solo atinó a cerrar los ojos y a soñar. El resto es una historia de confianza y sinceridad entre ambos que han prometido quererse por siempre y cultivar el amor que ese beso despertó.

A esto cabe mencionar que el reino mágico estaba “entre las montañas y el mar” y en chino-mandarín la pronunciación es “San Joy Lao”, el nombre “Vladirmir” de origen eslavo quiere decir “príncipe de la paz”, mientras que Mei-Ling es en castellano “carácter magnifico”, y es la conjugación estas tres circunstancias las dieron vida a los soñadores de la justicia, por ello le doy gracias a todo aquel que confía en este servidor de todo corazón. 

Gracias de por vida a la gran familia San Joy Lao, con el doctor Lucho Yong y mi tía Blanca a la cabeza.